Fotógrafos de la Naturaleza. Un milenio que se extingue Por: Luis Miguel Ruiz Gordón Enero/00 |
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Este año con cifra de saldo, 1999, finaliza todo un milenio, un período de tiempo que para muchas personas resulta trascendental, para otras puede ser sinónimo de profecías catastrofistas y para un número más reducido, no es más que una fecha establecida en su afán quizá necesario de medirlo todo. Me pareció oportuno aprovechar esta coyuntura temporal, para hacer una reflexión sobre el lado oscuro de nuestro medio ambiente y la importancia del documento gráfico en la divulgación tan triste como presente. La fotografía de la naturaleza tiene multitud de aspectos diferentes; cada fotógrafo detecta o elija aquel detalle, aquel matiz que le resulta más interesante y lo inmortaliza en su encuadre selectivo. Por lo general, cada fotógrafo se siente identificado con aquel tema que fotografía. La conjunción de un espíritu aventurero e inquieto, con otro creativo y sensible, orienta al fotógrafo naturalista hacia aquellos motivos que reflejan el aspecto más puro, libre y atractivo de la naturaleza. Desafortunadamente, estos aspectos son cada día más difíciles de reflejar por esa otra realidad derivada del progreso humano, el deterioro del medio ambiente. Este problema se ha acelerado especialmente en la segunda mitad de nuestro siglo XX, un siglo en inminente peligro de extinción. Algunas de las personas más veteranas de nuestro país, en lo que a conservación de la naturaleza se refiere, nos recordaron que esta actividad nuestra, la de retratar la vida que nos rodea, era antes requerida por los responsables de aquellos espacios naturales considerados de interés, para divulgar su riqueza. De ese modo, las fotografías de paisaje, fauna y flora, contribuyeron definitivamente a la conservación de muchos de aquellos lugares que hoy todos disfrutamos. Cuando el progreso humano se aceleró, también lo hizo el deterioro de nuestro planeta. Probablemente se incremento la conciencia conservacionista y los fotógrafos sensibilizados por la situación, dirigieron también sus objetivos hacia aquellas circunstancias o actuaciones que atentaban contra el medio ambiente. Una vez más, la fotografía se ponía al servicio de la conservación de la naturaleza. Sin embargo, el tiempo descubriría que ese tema suele resultar desagradable para el gran público, poco comercial y consecuentemente de escaso interés para aquellos editores responsables de vender exclusivamente ilusión y optimismo. Además, la buena imagen del fotógrafo de campo se resintió en determinados sectores sociales, por que un "objetivo indiscreto" puede ser inoportuno en según qué lugar y qué momento. Lo cierto es que la calidad ambiental de multitud de rincones de nuestro país, ha cambiado mucho en los últimos años. Si hiciéramos una encuesta entre todos los miembros de esta asociación y nos preguntásemos como era el entorno donde obtuvimos aquella magnífica fotografía de una especie silvestre en libertad, posiblemente llegaríamos a la conclusión de que, en la mayor parte de los casos, la fauna silvestre que aparece idealizada por ese encuadre selectivo, sobrevive en lugares tremendamente alterados o con diferentes grados de humanización. Otra referencia interesante que nos invita a una seria reflexión, es la opinión de todas esas personas de indiscutible veteranía, prestigio y sensatez que, de un modo u otro, han estado siempre vinculados a la fotografía y a la conservación de la naturaleza en nuestro país. Todos ellos nos deleitaron con sus conferencias en nuestros congresos (Joaquín Araujo, Juan Antonio Fernández, José Antonio Valverde, Arturo Sarró...) y todos coincidieron en la acusada y profunda transformación que ha sufrido nuestro medio ambiente, en el corto espacio de tiempo que suponen sus vidas. Un lapso de tiempo infinitamente corto, si lo comparamos con la historia de la humanidad, período durante el cual estos cambios se sucedieron de forma moderada y progresiva. Entre todos los comentarios que hicieron alusión a tal circunstancia, destacaría uno de Juan Antonio Fernández entre bastidores y que tiene que ver con la conservación y la fotografía. A mi pregunta: - Juan Antonio ¿qué te parece todo esto? (me refería a la fotografía de la naturaleza actual y a nuestra asociación) Él sentenció. - Lo que vosotros hagáis, será lo último que se haga. Para acompañar estas líneas he elegido algunas imágenes que representan esa cara triste y oscura de los elementos básicos que sustenten la vida en nuestro planeta: la tierra, el agua, el aire, la fauna y la vegetación. Podría haber elegido otro tema, otras imágenes, imágenes bucólicas, agradables, aquellas que generalmente perseguimos por su atractivo y dificultad. Sin embargo, pensé que una revista que muestra nuestra actividad, ha de hacerlo al completo, y debe enseñar también la trastienda del escenario en que trabajamos, un escenario distinto al imaginado tras el modelo idealizado y en el que la función, nunca debería acabar. Los fotógrafos de la naturaleza tenemos el privilegio de contemplar las maravillas de nuestro mundo en primera fila y somos testigos ocasionales de los males que le aquejan. Por ello tenemos la obligación moral de poner a nuestro IRIS al servicio de la vida y descubrir a los demás, la belleza, la riqueza y la grandiosidad de nuestro planeta, pero también esa otra cara de la moneda que no podemos ignorar. La naturaleza la necesita y nosotros, todos nosotros, dependemos de ella. |
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