La Ecología: un valor humano Octubre/98 |
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| Mantener el
desarrollo y los inevitables cambios tecnológicos en equilibrio con el respeto y la
conservación de la Madre Naturaleza no debe entenderse como una mera ideología ni, menos
aún, como una extemporánea manifestación de rebeldía ante el sistema. La ecología
constituye, en primer lugar, una sana reacción de supervivencia de la especie y, desde
otro punto de vista más profundo, uno de los valores humanos fundamentales. Partiendo de un sistema de valores integrado por Verdad, Rectitud, Paz, Amor y No Violencia (1), la ecología participaría de todos ellos, pero se encuadraría específicamente dentro de la No Violencia, que no es sino la culminación de los demás valores. El auténtico conocimiento de la Naturaleza (Verdad) nos lleva al respeto de sus leyes (Rectitud) y a la integración constructiva en el medio ambiente (Paz), con actitudes de reconocimiento (Amor) y unicidad (No Violencia). Ese sentido de interdependencia de lo existente que subyace en el panteísmo y que aparece explícito en filosofías como el hinduísmo y el budismo (2), no lo encontraremos, sin embargo, formulado con claridad en el cristianismo, que es una de las bases del pensamiento occidental. En el cristianismo, una posición como la de un San Francisco de Asís no deja de parecer una excentricidad en medio de ese sentido del hombre como heredero de la Creación, que Dios ha puesto a su servicio y que podrá utilizar a su antojo, sin más limitación que la del sentimiento de pecado (sin sugerirse para nada el "delito ecológico"). Aunque cabe destacar el valor revolucionario del Jesús de los Evangelios al proclamar al Amor como valor supremo, derogando la hasta entonces justa Ley del Talión, se echa en falta en su doctrina ese sentido de unicidad e interdependencia que la filosofía vedanta ya había proclamado siglos antes (3). Sobre esa poco ecológica base judeo-cristiana operará más tarde el cientifismo, que en su borrachera narcisista se creerá capaz de solucionar los problemas universales mediante la diosa Razón. Tendrá que llegar la evidencia de los desastres naturales provocados por la voracidad del hombre, para que la conciencia occidental comience a poner en cuarentena la certeza de ese cientifismo mecanicista y llegue a sobrecogerse ante las amenazas que desvela el futuro. Así mismo, los retazos de filosofía oriental que la Nueva Era ha venido extendiendo sobre Occidente contribuirán a desarrollar actitudes menos consumistas y, por tanto, mas conservacionistas de la Naturaleza.
(1) "Educación en Valores Humanos para niños".
Orgenización Sathya Sai de España, Madrid, 1996. |
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