Los alimentos transgénicos Abril/99 |
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Aunque a muchos y muchas nos cueste acostumbrarnos a la idea, la realidad es que en los dos últimos años la manipulación genética de los organismos vivos -y su apropiación mediante las patentes biotecnológicas- ha pasado de ser una historia de ciencia ficción, y algo sobre lo que se experimentaba en los laboratorios de contadas universidades, a convertirse -literalmente- en el pan nuestro de cada día. Raro es el día en que la prensa no informa sobre el resultado de un nuevo experimento genético. A pesar de la polémica sobre los riesgos de estos productos para la salud, para el medio ambiente ., que a veces consigue saltar a los grandes medios de comunicación, poco sabemos de los poderosísimos intereses económicos que se esconden detrás de estos productos, y de las graves implicaciones destructivas de economías campesinas de los países menos favorecidos. Ni tampoco sabemos apenas de la respuesta de quienes ven amenazada su forma de vida, su cultura y su supervivencia, como los miles de campesinos que en la India se han lanzada a la calle a quemar los campos experimentales transgénicos -ilegales, por cierto- de las multinacionales, y de las movilizaciones campesinas en Filipinas, en Bangladesh .., que protestaban contra las semillas de arroz patentadas. El negocio de la ingeniería genética agrícola está controlado por una decena de grandes multinacionales del sector químico y el sector farmacéutico, que en las últimas décadas han comprado los pequeños laboratorios independientes, las casas de semillas punteras, las patentes clave . Nos venden sus productos con la intención de salvar al Mundo del hambre y solucionar los problemas ambientales que nos aquejan. A la vez que intentan por todos los medios acallar las voces críticas que airean determinadas verdades. Pero, aunque nos quieran convencer de lo contrario, el hambre es un problema de reparto, y de acceso a la tierra, a las semillas, y no un problema de escasez de alimentos. El simple aumento de la producción que promete la revolución biotecnológica (espejismo muy a largo plazo) no conduce a alimentar a las poblaciones más necesitadas, y sí a despojarlas de sus tierras y semillas. El coste prohibitivo de las nuevas biotecnologías y de las patentes biotecnológicas las hace inasequibles para muchos programas de mejoramiento de los países desarrollados, y por supuesto para los países en desarrollo, favoreciendo un preocupante control de toda la cadena alimentaria (desde las semillas, hasta nuestro estomago) por una decena escasa de compañías transnacionales agroquímicas, que persiguen únicamente acaparar los mercados mundiales e incrementar sus beneficios. El coste de las semillas patentadas y las características de los nuevos cultivos, ventajosas para las grandes explotaciones muy mecanizadas, aumentará la marginación de los pequeños productores locales en el suministro de alimentos, poniendo en peligro el medio de subsistencia de cerca de la mitad de la población mundial que todavía vive de la agricultura , y agravando el problema de acceso a los alimentos para los más pobres. Lejos de contribuir a solucionar los problemas del hambre, por tanto, los cultivos transgénicos y el monopolio de las semillas mediante las patentes biotecnológicas son una amenaza para la agricultura sostenible y para la seguridad alimentaria de todos los pueblos. En Diciembre de 1998 se editó en España el número que la revista inglesa "The Ecologist", fundada en 1968, dedicó a las nuevas biotecnologías, donde se analiza especialmente el papel de la multinacional estadounidense Monsanto, una de las agroquímicas más importantes del mundo. En septiembre del 98 la imprenta donde se editaba la revista, desde hacía más de treinta años, decidió triturar los 14.000 ejemplares de ese número, sucumbiendo a las presiones de Monsanto. Despúes de conseguir imprimir la revista en otro lugar, las dos cadenas más importantes de distribución de prensa en Gran Bretaña anunciaron que no la venderían por temor a sufrir represalias. El asunto nos ha parecido tan importante en España que se decidió editar la revista en castellano. Cerca de veinte organizaciones han unido esfuerzos y han puesto en la calle 50.000 ejemplares (la primera edición de 25.000 se agotó rápidamente). En la sede de Aulaga todavía quedan unos cuantas a vuestra disposición. Gracias a ello, la prensa tradicional se hace eco últimamente de todo lo relacionado con los alimentos genéticamente manipulados. El debate está abierto entre las multinacionales agroquímicas, reconvertidas hoy a lo que llaman ciencias de la vida, y la sociedad mínimamente concienciada. |
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