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¿Qué hacemos con las palomas?

Febrero/00

Es un hecho tan evidente la "des-ruralización" de nuestra sociedad, que decir que cada vez somos más de ciudad y menos de pueblo parece una perogrullada. Vemos a nuestro alrededor mil detalles que nos lo confirman: el incremento del uso del coche, el cambio de la figura del vecino por la del "desconocido que vive al lado", la sordera selectiva que nos hace casi inmunes a los ruidos del tráfico, el total desconocimiento de la procedencia de las cosas que compramos... E incluso la vuelta a los valores de lo campestre y el turismo rural.

Pero probablemente uno de los cambios más perturbadores que estamos viviendo es el cambio de estatus de un animal en nuestras ciudades: la paloma.

La paloma ha pasado de alimento a estorbo, de delicado adorno a pájaro escandaloso, de símbolo universal de la paz a molesto problema. Para bien o para mal nuestra sensibilidad está cambiando al mismo ritmo que nuestro modo de vida.

En nuestro pueblo algunos vecinos se quejan de la suciedad que cae sobre sus ventanas y su ropa tendida, de las bajantes atascadas y las cubiertas estropeadas, todo achacado a la presencia de palomas en nuestras calles. Desde aquí hacemos una profecía: estas molestias, que ahora se viven como algo simplemente engorroso por la mayoría de los pinteños, pasarán a ser un grave problema e incluso un peligro para la salud pública, y ello sin que aumente el número de estas aves en el municipio. Puede que sea un proceso rápido: por ejemplo, si en verano los medios de comunicación se quedan sin noticias jugosas; o puede ser un proceso paulatino, cuando se vayan filtrando las noticias de las medidas tomadas en otras ciudades o por la presión publicitaria de algunas empresas de control de plagas, que ya dan a las palomas el odioso nombre de "ratas con alas".

Y sin embargo, al contrario de otros animales, la paloma no es una especie oportunista. No ha buscado vivir en las ciudades al abrigo del hombre, sino que su presencia en nuestro entorno se debe a que nosotros mismos las hemos estado criando (como alimento, fundamentalmente) desde tiempos ancestrales. El hombre le proporcionó abrigo y comida, y sólo desde hace unos años han sido abandonadas a su suerte: a falta de grano comen todo tipo de desperdicios (lo que les convierte en no comestibles), y a falta de palomares buscan lugares en construcciones humanas, donde a veces ocasionan problemas.

Conociendo cuál es el origen del problema, quizá podamos solucionarlo sin demonizar a un animal que ha formado parte durante milenios de nuestro patrimonio cultural. 

Antes de que en nuestro pueblo se despierte una alarma social infundada que obligue al Ayuntamiento a gastar dinero de forma ineficaz, debemos plantearnos varias cuestiones:

    ¿Existe realmente un problema?

    Y si existe ¿de qué magnitud?

    ¿Qué medidas son realmente eficaces para solucionar el problema?

En Pinto no existen datos sobre la población de estas aves, sólo conocen las molestias las personas que las sufren.

 El problema

A las palomas se les culpa de ocasionar unos cuantos problemas:

  • Los excrementos manchan fachadas, ropa tendida, poyetes de ventanas, etc.

Esto ocurre bajo los sitios utilizados como posaderos.

  • Atascan los canalones con sus excrementos y plumas.

Es cierto que los desechos de las palomas pueden contribuir a este tipo de problema, pero en muchos casos las hojas secas de los árboles y los desperdicios voladores (papeles, bolsas) son los verdaderos causantes.

  • Dañan las cubiertas, removiendo tejas, picando las telas asfálticas, etc.

Las palomas hacen los nidos aprovechando los huecos que encuentran, sin mejorarlos. En una cubierta que no tenga mantenimiento periódico pueden moverse las tejas por el viento, la lluvia o por simple desgaste de los materiales. O, aún más probable, puede haber otro culpable: los estorninos, pájaros de color negro más pequeños que las palomas y más agresivos hacia los tejados.

  • Se cuelan en desvanes o falsos techos ensuciando y armando escándalo durante el celo y la cría.

En efecto, los desvanes son lo más parecido a los palomares en los que se las ha estado criando hasta hace poco tiempo. Estos lugares son sus preferidos para anidar: están protegidas y no les molesta nadie.

  • Sus excrementos pueden cambiar la coloración y dañar la piedra caliza y el bronce de edificios y esculturas realizados con estos materiales.

Las deyecciones de las aves son ácidas, por lo que la piedra se puede ir corroyendo. Esto sólo ocurre bajo las zonas más utilizadas como posadero. En Pinto no existen prácticamente monumentos o edificaciones que puedan verse afectados por este problema.

  • Pueden transmitir enfermedades.

Al igual que cualquier animal, incluido el hombre, las palomas sufren enfermedades y tienen parásitos que algunos casos pueden ser transmitidos al hombre o a sus animales domésticos. Sin embargo es difícil que esto constituya un problema real en nuestro municipio: el contacto con nuestras palomas no es tan estrecho como para que pueda preocuparnos. Es igual de probable que nuestro perro o gato coja alguna pulga "olvidada" por un estornino, gorrión, o por otro perro, que por una paloma. Las vacunaciones y desparasitaciones de nuestros animales los mantendrán libres de estos problemas.


Estas son las principales fuentes de las quejas en las ciudades en las que se empieza a controlar la población de este ave. 

En Pinto la población de palomas es pequeña para que su presencia se considere una plaga. Sin embargo algunos vecinos tienen problemas en algunos edificios y zonas concretas del pueblo.

Para solucionar los conflictos que pueden surgir en la convivencia entre humanos y palomas no se puede generalizar aplicando las mismas soluciones en todas las ciudades. Cada caso es diferente y debe conocerse con el mayor detalle posible la situación inicial.

 

 Nos gustaría aprovechar este medio para recopilar información sobre la situación pinteña. Nos interesa conocer datos de palomas en Pinto. ¿Conoces algún palomar?
¿Algún caso en que las palomas estén siendo un problema?
Cuentanoslo

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