Del urbanismo y de lo que él se deduce Marzo/98 |
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La reforma general de distintas partes del pueblo y de espacios tan emblemáticas como El Egido y la Iglesia, listas para este verano, nos traerán gran cantidad de sorpresas. Fijaos bien en todo lo que ahora existe, ya que dentro de muy poco tiempo veremos como van desapareciendo, casi sin darnos cuenta, todas las señas de identidad que caracterizaban nuestro pueblo, desde los grandes olmos que jalonaban los paseos hasta las casonas con la arquitectura más peculiar de la zona (ver fotografía de la página anterior). Es imparable. Se sigue adelante en el nombre de una nueva estática dictada desde el poder. Es el pesado engranaje que hace mover la maquinaria de los votos: a más obras públicas, más respaldo en las urnas. Era necesario llegar con el hacha del leñador y talar lo que se encontraba fuera de la línea recta, lo que sobresalía en altura, lo que no respondía a la perfecta circunferencia?. Era necesario cambiar de sitio, durante la noche, los árboles que entorpecían el futuro embaldosado?. O talar sin piedad un hermoso ciprés que estaba "fuera de lugar"?. Pero esta estética del compás, la losa y el tiralíneas no es nueva. Desde hace siglos se ha intentado domeñar la naturaleza y utilizar el urbanismo como símbolo del poder y triunfo sobre nuestros oponentes, y han sido los regímenes personalistas los más empeñados en hacerlo. Ejemplos sobran, no hay más que hacer un breve repaso por la historia del urbanismo. Obras grandilocuentes que sorprenden al ciudadano y que hacen aumentar la popularidad del que las ordena: barrios de nueva planta con amplias avenidas, arcos de triunfo conmemorando victorias, estanques, obeliscos desafiantes, ninfeos propagandísticos con el nombre del César, etc... Pero detrás de tanta fachada que queda?. Nada, el vacío y el olvido, las ruinas abandonas por el alto coste del mantenimiento de lo inútil, y un sinfín de problemas (los de siempre) inabordables y "prosaicos". El gusto por la megalomanía, a la escala que cada cual puede permitirse, da una idea de la errática ideología que guía a nuestro líder, o peor aún, de la falta de ésta. O, quién sabe, probablemente lo que se intenta es seguir determinadas sendas populistas que conducen a la perpetuación en el poder de uno mismo, en vez de aportar soluciones y sentirse parte de la comunidad; no su absoluto dirigente. Derribar y cercenar son dos verbos que nos llevan por el camino del despilfarro, el gasto incontrolado y la mala administración. Busquemos alternativas con imaginación: sustentar y sembrar, dos verbos con futuro en el Medio Ambiente. |
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