Nuevo vertedero en Torrejón de Velasco Febrero/00 |
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| A un pueblecito de nuestro entorno llegaron un buen día unos señores bien preparados que hablaban inglés (francés en este caso) diciendo que representan a una o varias multinacionales con un paquete maravilloso, envuelto y atado con un lacito. Lo abrieron en el despacho del alcalde y ...¡ Oh Portento!, comenzó a salir un grupo de duendecillos: el duende de las promesas del crecimiento económico, el de las promesas de los puestos de trabajo, el de las promesas de la construcción de viviendas e infraestructuras, el de las recalificaciones salvajes, el del dinero fácil y fresco (éstos un poco más feos que los primeros). El paquete se cerró y alguien dijo: "todo esto podrá ocurrir en vuestro pueblo". El alcalde comenzó a soñar y a soñar, soñar despierto. Se le vino a la mente la ciudad de la Warner de San Martín de la Vega, la estación de esquí "Xanadú" de Arroyomolinos, el parque de atracciones "Mamut" de Rivas Vaciamadrid. Y después comenzaron también a desfilar duendes por su cabeza: montañas rusas, ferrocarriles monoviga, restaurantes repletos de turistas, paseos en velero por lagos artificiales, niños mutantes esquiando en agosto. Pensaba que Torrejón podría tener también un negocio motor de la economía. A continuación le mostraron el proyecto: Parque de Actividades Medioambientales. Torrejón de Velasco crea futuro. Municipio pionero en la gestión del medio ambiente -Suena bien. Me gusta, tiene un nombre muy atractivo, pero qué es? -dijo el alcalde-. Actividades medioambientales..., gestionar el medio ambiente..., ¿puede ser un parque de atracciones? ¿Quizá una casa de campo de pago? ¿Turismo rural? ¿Rutas alternativas a caballo o en globo? ¿Deporte multiaventura? ¿Una granja escuela? -Hablaremos claro desde el principio. Te diremos la verdad. Esto no es más que una forma de ganar dinero, mucho dinero, con una planta de tratamiento y almacenaje de neumáticos viejos, pinturas, barnices, aceites usados, disolventes y demás productos tóxicos y peligrosos que no quiera nadie. Lo que los técnicos llaman, para que no se les entienda, gestión integral de los residuos. Pero a partir de ahora su nombre será Parque de Actividades Medioambientales, lo llamaremos así para que no genere rechazo inmediato. Dejó de soñar cuando alguien le dijo que no era más que un gran vertedero lo que querían hacer en su pueblo. Un vertedero. Y eso, ¿para que nos puede valer? ¿Cómo se lo vendo a mi gente?. No te preocupes -le dijeron- nosotros te enseñaremos a vender los duendecillos de las promesas a tus vecinos. -No sé..., no sé -dijo el alcalde- no me acaba de convencer lo que ustedes pretenden hacer. Yo esperaba otra cosa. Entonces comenzó a funcionar la máquina de pintar la vida de color de rosa. Ahora vamos a contaros cómo enseñaron a nuestros amiguitos a vender los duendecillos de las promesas. Metieron al alcalde y a toda la corporación en un avión y les mandaron a París y a Bruselas con el fin de enseñarles las bondades de este tipo de industrias. Y como no podía ser de otro modo, se quedaron atónitos, impresionadísimos. Veamos lo que escribió el alcalde en un boletín de información local editado por el ayuntamiento: "lo que más nos llamó la atención de la visita fue la imagen externa e interna de ambas: el arbolado y la vegetación del entorno, la estética e higiene de las instalaciones, la limpieza y organización del trabajo. Esta visita desechó cualquier atisbo de desconfianza que pudiera haber por la clase de actividades que desarrollan". El viaje surtió el efecto deseado por los responsables del proyecto. ¿Qué quiénes eran (y siguen siendo) los responsables del proyecto? Se nos había olvidado presentarles. Se llamaban ( y se llaman) CARTAMB S. L. (Cartera Ambiental). Entidad en la que participan multinacionales del sector del tratamiento de basuras. Ya se sabe... buena gente. Por lo visto han tenido algún problemilla con la gestión de residuos; el último en Ajalvir donde se han presentado numerosas denuncias contra ellos por no hacer las cosas demasiado legales. Después del viaje, cuando volvieron de Francia, se les encargó que hicieran un equipo de venta del producto, un departamento de márketing o mercadotecnia. ¿Quién lo formaría? Pues gente importante y respetada, conocida por su trayectoria intachable e independiente; las fuerzas vivas locales y algún ecologista que no diera mucha lo lata. Lo llamarían Consejo Local de Información y Seguimiento (CLIS), algo novedoso en España, les dijeron. Buscaron gente de a Consejería de Medio Ambiente, de la Universidad, de los medios de comunicación especializados, y ¡sorpresa! del partido de Los Verdes, que además era de un pueblo cercano, de Pinto. Muchos, después de conocer la verdadera cara del proyecto, declinaron participar en el CLIS; como el caso del militante de Los Verdes. Pero, en realidad qué había detrás de todo este humo. Qué pretendían vender. A saber: El parque se dividiría en tres áreas. El área 1, punto limpio, recibiría envases, embalajes, piezas de automóviles, pilas, aceites usados, equipos electrónicos y eléctricos obsoletos, neumáticos, materiales de derribo, pinturas, disolventes, productos farmacéuticos, etc. El área 2, prepararía los combustibles y gestionaría los residuos. Y el área 3 estaría destinada al almacenamiento e inertización de los residuos y también se ubicarían las oficinas y laboratorios. El Parque recibiría, acondicionaría y trataría los residuos generados por las actividades industriales, de servicio, de enseñanza y de investigación. Los residuos serían sometidos a análisis para determinar su utilidad. Los disolventes, pinturas, etc., serían recuperados mediante técnicas de destilación y separación. Los que no se pudieran recuperar y tuvieran un valor energético serían convertidos en combustibles de sustitución. Un último grupo formado por residuos orgánicos y aguas residuales, serían tratados, inertizados y depurados. Los lodos procedentes de los tratamientos serían secados y utilizados como combustibles. Esto es, muy resumido, lo que querían vender. El CLIS informó y convenció a los vecinos de Torrejón. Pero claro, también se enteraron, verano del 99, los del pueblo de al lado (Valdemoro), de que les iban a colocar un vertedero de residuos tóxicos a las puertas de un barrio llamado el Restón. Y cuando un grupo de ciudadanos se siente amenazado surgen la movilizaciones. Todo lo que se había planeado con luz y taquígrafos se había estropeado de repente. ¿Qué había salido mal? Muy fácil, no habían tenido en cuenta a los pueblos de los alrededores, en concreto a los de Valdemoro que alegaba que la existencia de vientos dominantes del suroeste empujarían hacia el área urbana sustancias perniciosas. Qué mala suerte que también alegaron en contra el ayuntamiento de Seseña, por la posible contaminación de acuíferos, el museo de Ciencias Naturales, por el posible daño al singular yacimiento paleontológico, uno de los más importantes de España, del cerro Batallones; y como no, los pesados de Ecologistas en Acción. Se realizó el estudio de evaluación de impacto ambiental y el proyecto fue aprobado por parte de la Comunidad de Madrid con modificaciones como por ejemplo la prohibición de almacenar residuos peligrosos, la prohibición de entrada de residuos de fuera de la Comunidad de Madrid y la reducción de las dimensiones originales del proyecto. Temía el alcalde de Torrejón que aquellos duendecillos que pululaban por sus sueños se convirtieran en enanos deformes. Y que el maravilloso proyecto se acabaría haciendo a medias por haber confiado en una empresa chapucera que no le había contado toda la verdad. Que aquellos promesas de cientos de puestos de trabajo se acabarían convirtiendo en "contratos basura" temporales para los jóvenes del pueblo. Y que finalmente el proyecto del vertedero favorecería a los especuladores de siempre. Si alguien quiere encontrar una moraleja y ver paralelismos con otros municipios que nos rodean, puede hacerlo. |
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